Tu Sistema nervioso central: El gran archivo vivo de tu historia

¡Hola! Me alegra muchísimo que estés aquí.

 

Prepárate un café o un té… creo que este artículo puede acompañarte a mirar tu cuerpo de una forma diferente.

 

Hay momentos en los que tú crees que estás respondiendo al presente; sin embargo, estás reaccionando en base a una memoria antigua.

 

Te dicen o escuchas algo, recibes una mirada, alguien tarda en contestar un mensaje, surge un imprevisto… y, de pronto, tu abdomen se contrae, tu mandíbula se aprieta, tu espalda se tensa y tu mente empieza a correr como si estuviera en pleno maratón.

 

Te sales de control, reaccionas, te enfadas… o, por el contrario, te reprimes y haces como si no pasara nada.

 

¿Y qué ocurre justo después? Te juzgas, te riñes por reaccionar así, empiezas a rayarte por no haber dicho algo, por no haberte callado, por no haberlo hecho “mejor”. En fin, entras en el mismo bucle de siempre.

 

Bueno, pues aquí viene lo interesante: no reaccionas al suceso en sí, sino a lo que tu sistema nervioso central, al que a partir de ahora llamaré SNC, aprendió a asociar con eso.

 

Si, ya sé… a mí también me pareció increíble la primera vez que escuché esto. Por eso elegí escribir este artículo, para explorar contigo esta parte tan esencial del cuerpo y animarte a seguir en el camino para transformar esas cositas que, a estas alturas, quizás ya consideras imposibles.      

 

El SNC va desde la parte más alta de tu cabeza hasta la zona lumbar.

 

Es como una central de mando: recibe información, la procesa y la distribuye al resto del cuerpo.

 

Esta comandada por el encéfalo, protegido por el cráneo, y la médula espinal, protegida por la columna vertebral.

Dentro del ENCÉFALO encontramos el cerebro, relacionado con el pensamiento, la memoria, las emociones, las elecciones y los movimientos voluntarios; el cerebelo, encargado del equilibrio, la coordinación y la precisión; y el tronco encefálico, que sostiene funciones vitales como la respiración y el ritmo cardíaco.

 

La MÉDULA ESPINAL sería algo así como el “cable principal” que comunica tu cerebro con el resto de tu organismo: órganos, músculos, tejidos y células.

 

El SNC es, literalmente, el puente entre tu cuerpo, tu mente y tu energía.

 

¿Ya te aburrí?

 

¡Espera, no te vayas!  Que esto se va a poner bueno..jeje.  Ahora viene lo más interesante.

 

El SNC: el archivo vivo de tu biografía emocional

La neurociencia habla de que el SNC no solo dirige funciones físicas. También es como un gran almacén donde se registran todas las experiencias, emociones, traumas y creencias.

 

Y bueno, percibo que a lo largo de este artículo me iré adentrando, de vez en cuando, en la anatomía del cuerpo.

 

Si a ti te parece aburrido o poco interesante… ¡tranquilidad! ya sabes que eres libre de seguir tu instinto e irte hacia donde tus ojos te lleven. Te invito a viajar por esta historia a tu manera.

 

¡Ah! Y guárdalo. Quizás en algún otro momento elijas saber más y podrás volver a leerlo.

 

Ahora continuamos…

 

En zonas como la amígdala, el hipotálamo y otras áreas relacionadas con la memoria emocional, se registra el evento, y también la emoción asociada: miedo, dolor, inseguridad, tensión, alerta o creencias limitantes.

 

Cuando una experiencia no se procesa, queda grabada como un patrón de tensión, defensa o desregulación.

 

Tu cerebro es como si fuera una gran red de comunicación, ahí se registra cómo te relacionas con el entorno, con tu familia y con quienes te rodean.  Incluso refleja patrones de conducta de otras personas y de cómo reaccionaron a conflictos las generaciones anteriores.

 

Por eso a mí me gusta imaginarlo como un gran archivo vivo. No como una carpeta muerta, llena de polvo e historias viejas. Más bien un registro en movimiento de tu biografía, siempre atento e intentando protegerte.

 

Aquí no se guarda solo “lo que pasó”, sino también cómo lo viviste, qué sentiste, qué decidiste sobre ti, sobre las demás personas y sobre la vida.

Como no me gusta solo contarte mis puntos de vista ni los de la ciencia…jeje.

 

¿Qué te parece si ahora lo experimentas por ti misma o por ti mismo?

 

Te invito a escuchar este podcats.

 

Tiene una duración de cuatro minutos y medio. Si ahora no tienes tiempo de escucharlo, puedes regresar aquí cuando lo desees y disfrutarlo a tu ritmo.

Volviendo a este ejemplo, aquello que callaste generó una emoción y se archivó en el sistema nervioso central. Por eso, cuando aparece una situación parecida, se activa la alarma: “Cuidado, mejor no hables”.

 

No lo hace para fastidiarte. Lo hace para protegerte, ya que es lo que conoce.

Solo como nota consciente: esto puede generar en tu cuerpo físico una respuesta automática, somatizarse y a la larga desencadenar una patología en la garganta, la tiroides o las cervicales.

 

Esto aplica en infinidad de situaciones.

 

Si el SNC entendió que amar dolía, cuando aparezca una persona con quien podrías tener una relación grandiosa, se activará la alarma: “¡Cuidado! Ya te rompieron el corazón una vez”. Y entonces empiezas a rayarte, a desconfiar, a crear conflictos donde no los hay… solo como protección.

 

A lo mejor tu sistema registró que equivocarte era peligroso, que descansar era perder el tiempo o que confiar podía salirte caro.

 

 Y aunque hayas crecido, madurado y aprendido muchísimo, esas memorias siguen registradas. Mientras no las liberes, tu sistema nervioso central continuará creyendo que te salva cuando detecta peligro.

 

¡Momento! Quizás en esta parte te dé por decir: “¡Qué tonta soy! ¿Cómo no me di cuenta antes? ¿Cuántas cosas me habré perdido?”. Detente. De esta manera solo crearas otro sistema de alarma. Se trata de ser consciente y ahora sí, abrir nuevas posibilidades para cambiarlo.

 

¡Humm! Me parece que ya te cansaste de leer tanto.

 

¡Vale! lo entiendo. Entonces te invito a ver un corto en Netflix. Saca las palomitas y, con una sonrisa, disponte a ver este corto de la serie “Mi otra yo”.  

 

¡No te lo puedes perder!

 

Creo que la Dra. Ada, en esta serie, explica muy bien cómo funciona el sistema nervioso central… ¿verdad?

 

Ahora, después de este breve entretenimiento, te invito a seguir leyendo, que esto se va a poner aún más bueno… jeje.

 

Si, lo sé, vivir en alerta constante cansa. Agota. Es como tener todas las luces de la casa encendidas día y noche, la lavadora puesta, el horno funcionando, el móvil cargando y tú diciendo: “No sé por qué me siento sin energía”.

 

Yo lo he vivido y, para ser muy honesta contigo, a veces lo sigo viviendo.

 

 Si, ya sé, puedo leer tus pensamientos —ya sabes, soy psíquica…jeje— “¿Cómo? Si tú eres facilitadora de herramientas para liberar esto y el sistema creado por ti, SBIC, está enfocado precisamente en esto… ¿y dices que aún lo repites?”.

 

Pues sí. Somos como una cebolla y vamos quitando capas con cada consciencia que nos permitimos recibir.

 

Recuerda: para cambiar algo, se requiere tenerlo consciente.

 

Algunas personas van más rápido y otras más lento. En cada proceso vas siendo más libre y acercándote al origen: ser tu misma o mismo.

Y bueno, regresemos al tema, que ya me fui por las ramas… jeje. Muy propio de mí.

Llegado este momento, después de todo el rollo que te estoy contando, se me ocurre una pregunta para ti:

 

¿Has pensado que tu cuerpo quizás lleva años pagando una factura eléctrica emocional altísima? ¿Qué tal si ya es el momento de mejor invertir en un cuerpo en bienestar?

 

El estrés crónico, por ejemplo, mantiene al organismo en un estado de alerta sostenida. Libera hormonas como el cortisol que, a largo plazo, daña las células cerebrales, reduce el tamaño del hipocampo. Lo cual puede provocar tensión muscular, afectar a la memoria y el aprendizaje.

Como dice el psiquiatra Bessel van der Kolk: “El cuerpo lleva la cuenta”.

 

Y no se trata de convertir cada experiencia en trauma, sino de reconocer que lo que no se procesa encuentra una forma de expresarse en el cuerpo.

Por eso no podemos seguir hablando de la energía, las emociones, pensamientos y palabras como si estuvieran separadas del cuerpo físico, flotando por ahí, con bata de tul y música de fondo. Tienen una base energética, biológica y química que impacta directamente en  el funcionamiento del cuerpo. Crean rutinas e impiden que el cerebro cree nuevas conexiones (neuro plasticidad).

 

Cada pensamiento genera una emoción, con lo cual cambia tu química interna, se altera tu postura, modifica tu respiración y también tu energía. Y todo eso viaja por la médula espinal hacia tus órganos modificando su frecuencia.

 

¿Te has fijado cómo caminas cuando estás triste o te sientes menos que otra persona? ¿Cómo respiras cuando tienes miedo? ¿Cómo aprietas los hombros cuando necesitas controlarlo todo? ¿Cómo se tensa tu abdomen ante alguna situación o persona?

 

El cuerpo y tu energía hablan incluso cuando tú intentas disimular.

Tu postura, tu tono de voz, tu mirada, el color de tu piel y la energía detrás de tus palabras expresan más de lo que imaginas.

 

Por eso, cuando una emoción se reprime, se niega o se guarda “para después” … NO DESAPARECE. Se acumula en el SNC y altera la comunicación entre órganos y vísceras. El sistema inmunológico se debilita. Surgen síntomas, fatiga, inflamación o malestares crónicos.

 

Desde la neurociencia, hablaríamos de patrones de activación, memoria emocional, respuesta al estrés y regulación del sistema nervioso.

 

Ya sabes, esto no se trata de que ahora te compres mis puntos de vista ni los de la neurociencia. Se trata de experimentarlo por ti misma o mismo y preguntarte: ¿Esto es verdad para mí?

 

Y bueno, llegamos a una de mis partes favoritas.

 

Aquí es donde la energía, la bioquímica, la neurociencia y la medicina pueden darse la mano sin pelearse en la puerta.

 

Sin hacer spoiler, a mí me gustó mucho como en la serie de “Mi otra yo” muestran lo que se puede cambiar cuando las terapias alternativas y la medicina se miran como aliadas, no como enemigas.

 

Cuando tienes un malestar, no se trata de elegir una u otra. Requiere ser mirado en conjunto: lo físico, lo emocional, la energía, la alimentación, la actividad física y la historia del sistema.

 

Desde una mirada integradora, se trata de saber con claridad lo que ocurre en el físico y, al mismo tiempo, tomar conciencia de lo que está alterando la frecuencia del órgano o la zona afectada.

 

 No para darle vueltas en la cabeza, rechazarlo o ignorarlo, ya que sanar no va de evadir, ni de decir “todo está bien” mientras el cuerpo te está gritando ¡mira esto!

 

Va de atreverte a dejar de mentirte, estar más presente, permitirte sentir, recibir información, y poner manos a la obra para transformarlo.

 

Una de las formas más sencilla, y que puedes realizar a cada momento, es detenerte, respirar profundo, ir hacia adentro y preguntarte:

 

¿Qué estoy sintiendo con esto? ¿Cuerpo qué me estás mostrando con esto? ¿Qué requieres para regenerarte? Dímelo de una forma que yo lo entienda con facilidad.

 

No metas cabeza.  Permite a tu cuerpo mostrarte lo que hay ahí, lo que requieres para transformarlo y mantente atenta a las posibilidades.

LA RESPIRACIÓN

 

Te trae al presente

No se respira mañana.

No se respira ayer.

Se respira ahora.

Tu historia no tiene por qué ser una condena. Puede convertirse en una puerta para recibir, soltar cargas y elegir con más consciencia tu siguiente paso.

 

Por si no lo has leído aún, te dejo por aquí un artículo donde te cuento mi propia experiencia de cómo transforme una patología integrando Tecnología cuántica y ciencia.

En resumen…

 

Un bloqueo es una emoción guardada. Es información no procesada que ocupa espacio en tu sistema nervioso central. Puede sentirse como rigidez, cansancio, ansiedad, dolor, falta de claridad o como repetición de la misma historia con distinto decorado.

 

Sanar no significa borrar tu historia. Tampoco significa negar lo vivido, hacer como si nada doliera o fingir una sonrisa de escaparate.

 

Sanar se trata de escuchar a tu cuerpo, de reconocer lo que te está mostrando el síntoma, de ir a la raíz, y de proveer a cada parte de tu cuerpo las frecuencias vibratorias que requiere para regenerar Y regresar a su estado original.

 

Dale permiso a tu sistema nervioso de mostrarte sus capacidades de neuroplasticidad: esa posibilidad maravillosa de crear nuevas conexiones, aprender nuevas respuestas y dejar de vivir en piloto automático.

 

“Donde pones tu atención, pones tu energía y eso es lo que estás creando para ti, tu cuerpo y tu vida”. Observa tus pensamientos y palabras: ¡ y cámbialos!

 

¿Te animas a escuchar más a tu cuerpo y ser más consciente de lo que te esta mostrando? Si no sabes cómo empezar, envíame un mensaje. Con gusto te acompaño a transitar este camino con más facilidad, consciencia y gozo.

 

Y ahora cuéntame: ¿en qué parte de tu cuerpo sientes más esa alarma interna cuando algo te mueve emocionalmente?

 

Te leo en comentarios. Y, si este artículo te removió algo, compártelo. Quizá tu experiencia también le abra una puerta a otra persona.

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Gracias por leer mis escritos y

permitirme acompañarte

en tu camino.

Te envío un abrazo cargadito

de sonrisas y gozo.

¡Hasta la próxima!

Con cariño,

Rosa Mary

1 comentario en “Tu Sistema nervioso central: El gran archivo vivo de tu historia”

  1. Marìa Mercedes García Rubio González

    Muy buen articulo!! Felicitaciones Rosa M° ‼️🪄🪄🪄 Muy acertado y muy esclatecedor…denota tu gran profesionalidad‼️ Se hace muy ameno leerlo por l9 cer ana que se te siente. Gracias ‼️

    Y por cierto!! Me encantó la serie Mi Otra Yo ( sabias que en esta 2a temporada participó mi profe de Descodificacion Biologica Original: Angeles Wolder?? Se nota muchisimo “su mano” a la hora de las constelaciones)

    Un abrazo grandote 💕🙏

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