Faltan pocos días para ese día especial que a muchas personas nos gusta. Donde las calles se visten de rojo, los globos flotan en el aire y la energía del amor se esparce por cada poro del plantea.
Desde esa frecuencia —la del amor que hoy me inspira— quiero compartir contigo este artículo. No nace de la teoría, sino de mi propia experiencia: de la vulnerabilidad y de esas pequeñas cosas vividas en las últimas semanas… que quizá a ti también te resulten familiares.
Llevaba varios días con malestar en el estómago. No de esos que se van con una manzanilla. Sino esa sensación de hinchazón, pesadez, dolor… el famoso hueco en el estómago que se instala y va creciendo para decirte:
“Hola, aquí estoy… ¿me miras o aumento el volumen?”
Si, ya puedo imaginar lo que estás pensando:
– ¿Resistirte tú? No me lo creo. Si practicas las herramientas, usas todo el tiempo tus accesorios cuánticos, te has cambiado de país, de ciudad varias veces, no le temes a aventurarte a lo nuevo… ¡y hasta te subiste a una pasarela para cumplir un sueño a tus 59 años!
Pues te cuento algo, sin filtros:
Sí, todavía reacciono; sí, todavía me resisto; y sí, a veces tardo un poquito más de lo deseado en llegar a la raíz y transformar lo que mi cuerpo me está diciendo.
Y bueno … no te hago el cuento largo —aunque ya sabes que me encanta… jeje—.
Ahí estaba yo estómago contraído, una discusión reciente con mi pareja dando vueltas en la cabeza y esa sensación incómoda de “esta no es la vida que deseo”.
Sobre todo, en lo económico… ese tema del que muchas nos autoengañamos repitiendo: —El dinero no es lo importante.
Hasta que alguna memoria se activa por dentro y, ¡zas!, resulta que sí importa… y mucho, porque sin darnos cuenta ahí estamos poniendo toda la atención la mayor parte del tiempo.
¡Auch!… Ya me adelanté un poco en la historia… jeje.
Y claro, cómo no, durante un rato me metí de lleno en mi película. Drama incluido, tal cual una tragedia griega. Sí, todavía me pasa.
Después de permanecer ahí un tiempo —algo que hace años habría durado semanas o incluso meses—, bastaron unas cuantas respiraciones profundas para recuperar la calma. Al irme a la cama lo tuve claro: ¡esto cambia porque cambia! Como ya es habitual en mí, me hice algunas preguntas antes de abandonarme en brazos de Morfeo:
—¿A qué me estoy resistiendo?
—¿Qué no estoy dispuesta a recibir aquí?
—¿Qué o quién es una contribución para mí?
Si algo sé, es que mi cuerpo habla. Empieza con algunos pinchazos… y, cuando no se le escucha, sube el volumen. Así que elegí poner manos a la obra, revisar elecciones y tomar acción para transformarlo.
La llamada que cooperó a salir del bucle
Al día siguiente, mientras preparaba una publicación para Instagram, recibí un mensaje de una mujer a la que considero mi amiga. En esta historia la llamaré Alaia, porque eso es para mí: una invitación constante al gozo de vivir.
Nos conocemos desde hace siete años —me dio mi segunda clase de Barras de Access— y desde entonces solo he recibido de ella presencia, cariño… y preguntas.
Es de esas amigas que no aconseja ni intentan salvarte, simplemente te acompaña a mirar lo que se está mostrando y abrir posibilidades.
-Hola, ¿Qué se requiere aquí? Estoy disponible para hablar ahora, si así lo deseas.
¡Buenos días bonita! —le respondí—. Me vienes como anillo al dedo…jeje. Dame cinco minutos por fa y te llamo. Gracias.
Cuando hablamos, le conté cómo me sentía. Sin demasiados detalles. Lo justo para no seguir alimentando la historia.
Hubo un breve silencio al otro lado del teléfono. Y luego la pregunta: —¿Estás gozando?
—Mi cuerpo grito con claridad- ¡Noooooooooo!
—Nunca se trata del dinero —me dijo—. Se trata del gozo.
¡Pum!
— De reconocer con qué gozas, cómo se siente para ti gozar… y elegir solo eso. Antes de cada elección, pregúntate: ¿Si elijo esto, me va a dar gozo? ¿Esto abre posibilidades para generar dinero desde el gozo? Y si no te divierte… entonces no lo hagas.
Me quedé en silencio. Ahí estaba la verdad, mirándome a los ojos. Llevaba días eligiendo desde la preocupación y la carencia, no desde el disfrute. Desde el “tengo que”, en lugar del “me expande”.
—Nunca se trata del dinero —me dijo—. Se trata del gozo.
La vida es un juego
Una de las ideas que más me resonó al escuchar el primer vídeo de Javier Wolcoff, fue esta: ¡la vida es un juego!
Como en los videojuegos. Cuando parece que vas ganando, el sistema introduce nuevos retos. Si no cambias de estrategia ni implementas herramientas nuevas… pierdes la partida.
La vida funciona igual. Cuando todo va de maravilla, originas alguna situación, persona o síntoma para sacarte de tu centro. La clave está en estar muy presente, darte cuenta, recibir la lección y seguir avanzando.
He aquí una de mis preguntas favoritas cuando me encuentro en este punto: ¿Cuál es el regalo detrás de esto que no estoy viendo?
Mientras no lo mires, la situación se repetirá con distintos disfraces. Cuanto más rápido recibas el aprendizaje, más rápido se avanza en el juego… ¿Lo pillas?
Como dice Wolcoff: “El drama no es el problema. El problema es quedarte en él.”
Y ahí me vi. Dándole vueltas a la discusión, lo dicho, lo no dicho, lo que debería haber sido distinto… en lugar de preguntarme:
—¿Qué hay aquí que no he estado dispuesta a recibir?
Al hacer la pregunta, algo se aflojó por dentro. Salí de la definición y conclusión, abrí la puerta a la consciencia.
Entonces lo vi con claridad: el conflicto con mi pareja no era una casilla final del juego, sino una elección más.
No era el dinero; no era mi pareja; era que me había desconectado del gozo…
Ambos habíamos dejado de permitir las elecciones del otro, queriendo tener razón, controlar, colocándonos en el papel de víctimas, culpando al otro de que el dinero no fluyera.
Y, siendo muy honesta… si la situación es la que es, resulta evidente que así la estamos eligiendo.
No quiero más creencias bonitas (quiero verdad)
Y aquí viene algo importante.
Como siempre les digo a las personas que vienen a sesiones o cursos conmigo…
No se trata de que me creas. Ni de que ahora adoptes mis ideas como tuyas.
Incluso las ideas más luminosas, cuando no son verdad para ti, acaban convirtiéndose en otra creencia limitante.
Como decía Krishnamurti: “La verdad es una tierra sin caminos.”
La verdadera libertad no está en acumular conceptos, sino en romper con esas creencias limitantes, reconocer tu verdad volver al origen… ¡A ti!
Elevar la frecuencia es la clave
Desde ese día, antes de elegir, me hago una pregunta sencilla:
—¿Esto me da gozo?
—¿Eleva mi frecuencia… o la baja?
No quiero una vida perfecta; quiero una vida con más gozo, más facilidad… y muchas más sonrisas.
Cuando eliges desde ahí, la creatividad despierta, las posibilidades aparecen y, curiosamente, el dinero también encuentra nuevas puertas.
Como decía Einstein…
“No podemos resolver problemas desde el mismo nivel de conciencia en el que fueron creados.
Y … ¿qué tiene esto que ver con San Valentín?
Seguro que a estas alturas ya te lo estás preguntando.
Pues, aunque no lo creas… mucho más de lo que parece.
El 14 de febrero no va solo de parejas, flores o chocolates.
Y, ya que este día también celebra la amistad, te cuento algo que me hizo click: hablar con una amiga puede ser medicina… o veneno. Todo depende de con quién hables y de lo que realmente estés buscando al hacerlo.
En mi caso, Alaia —con sus preguntas y la sugerencia de escuchar a Javier Wolcoff— me coopero a salir del drama, a ser consciente lo que estaba ocurriendo, qué estaba eligiendo y a cambiar elecciones.
Por eso, si estás atravesando alguna situación, te sugiero, no busques a quien te aconseje, te dé la razón y sostenga tu historia —eso rara vez funciona, suele dejarte atrapada en el mismo bucle. —
Rodéate de personas que te escuchen, hagan preguntas que te lleven a mirar hacia adentro, a tomar consciencia y a elegir por ti misma.
Y bueno, esto daría material para otro artículo. Dime… ¿te gustaría que dedicara el siguiente blog a este tema? Puedes escribirlo en comentarios o enviarme un mensaje privado.
“Al final, todo se resume en algo muy simple: regresar a ti”
¿Qué tal si San Valentín no necesita perfecto?
Y puede convertirse en el inicio de un nuevo relato, uno en donde te elijas más, te trates con más cariño, te permitas ser vulnerable contigo misma, estés en permisión de tus elecciones, las de tu pareja y de las personas que te rodean, avanzado de la mano por un camino con más diversión y sonrisas.
¡Y claro! por supuesto… también puede incluir una cena rica a la luz de las velas, una copa de vino y un regalo con presencia.
En fin, qué este día sea la excusa perfecta para reconectarte con la energía del amor y la gratitud —esa que baila por cada rincón—, hacer aquello que te da gozo y subirle el volumen a la alegría.
Y ahora te dejo con esta pregunta:
SI HOY ELIGIERAS SOLO LO QUE TE DA GOZO… ¿QUÉ CAMBIARÍA EN TU VIDA?
Me alegrará leerte en comentarios.
Gracias por leer mis artículos y permitirme
ser parte de tu camino.
Te envío un abrazo cargadito de sonrisas y cariño.
¡Feliz día de San Valentín!
¡Hasta la próxima!
Con cariño
Rosa Mary