La visita inesperada de mi yo del futuro

Una noche inolvidable

Cuentan que en Navidad suelen pasar cosas mágicas… sin embrago, hace algunos años no creía que algo así pudiera sucederme.

 

La noche previa a la Navidad, con la cabeza llena de listas interminables y el cansancio metido hasta en las pestañas, alguien llamó suavemente a mi puerta. “No espero a nadie”, pensé mientras me levantaba con pereza, era como si una pierna le pidiera permiso a la otra para caminar.

 

Al abrir, me encontré con una mujer parecida a mí, pero con más soltura, más luz, más sonrisa… y, por qué no decirlo, más feliz.

 

Entró como si la casa fuera suya… y bueno, técnicamente lo era.

El regalo que no esperaba

Se sentó, me miró y sonrió con esa calma que aparece cuando una deja de pelearse consigo misma.

 

—Vengo a darte un regalo —me dijo.

Ay, ojalá sea una semana en un lugar rodeado de nieve, mercados navideños, vino caliente… -de esos como los que se ven en la televisión- o una asistenta doméstica vitalicia – grité emocionada, tapándome la cara como si estuviera en una película.

 

Me entregó un pequeño baúl de madera apolillada, hermoso y ligero.

 

—¿Qué es? —pregunté.

 

—Tu permiso —respondió riendo. Ese permiso que tantas veces te quitaste: para ser tú, para descansar, para reír, para decir “no”, para decir “sí”, para soltar, para empezar algo nuevo, para sentirte a gusto contigo, para hacer lo que quieras sin tener que justificarte.

 

Abrí el baúl —No hay nada —murmuré, decepcionada al ver que estaba vacía.

 

—Está llena de espacio — aclaró—. Un lugar capaz de crear posibilidades y abrir puertas. Un recordatorio de que todo lo que buscas fuera ya vive dentro de ti. Un territorio donde reconoces quién eres, qué te gusta y hacia dónde deseas ir. Ese rincón donde te comprometes a ser honesta y fiel a ti misma, a seguir tu felicidad, porque al final eres la única compañía garantizada para toda la vida.

El silencio que transforma

Se hizo el silencio —-ese del que suelo huir— para mi sorpresa era agradable. Pasados unos minutos —o quizá segundos— me miró con ternura y añadió:

 

—¿Puedes imaginar una vida siendo realmente tú? Solo percíbelo.

 

Entonces ocurrió…

 

Sentí algo moverse dentro de mí. No eran campanillas ni fuegos artificiales. Era un rico cosquilleo subiendo por mis piernas, se expandía por todo mi cuerpo: amoroso, expansivo, ligero … incluso un poco orgásmico, lo confieso.

De repente me vi a mí misma en el futuro: calmada, sin prisas, dándome el tiempo de crear mi día antes de levantarme. Desayunando con tranquilidad, moviendo mi cuerpo con alegría, rodeada de relaciones extraordinarias, más agradecida, más joven, más ágil y empoderada.

 

Eligiendo a cada momento actividades, técnicas, cursos y experiencias… en fin, todo aquello capaz de cooperar junto conmigo para construir, día a día, con consciencia un cuerpo y una vida más felices.

 

“Qué maravilla, eso deseo yo,” reflexioné. Ese fue el famoso click , del que muchas personas hablan. Esa certeza de: Puedo aspirar a algo más divertido.

La aparición de la otra yo

De pronto, una sombra oscura se coló en la habitación. Alguien más estaba detrás de mí. Me giré, y entonces la vi: era la otra yo.

MMI OTRA YO

 

La que conozco demasiado bien…

 

La que dice “sí” cuando quiere decir “no”.

 

La que cree que las demás personas saben más que ella.

 

La que se esconde, se siente fea, se empequeñece, se juzga.

 

La que quiere hacerlo todo perfecto para no ser criticada.

 

La que cuida a quienes la rodean y se olvida de ella.

 

La que pospone sus sueños para cuando el marido, los hijos… no la necesiten y tenga tiempo.

 

La que repite “en enero empiezo”, y nunca lo hace.

Era idéntica a mí, solo más pequeñita, más gris, más triste, más enfadada(enojada) y más cansada.

 

—También soy tu futuro —dijo con una voz apagada—. Si sigues viviendo igual, si sigues eligiendo lo mismo… así te verás.

 

Sentí un nudo en la garganta. No era una amenaza… solo me estaba mostrando una verdad que yo me negaba a ver.

Dos futuros, una elección

Ambas versiones se acercaron y me tomaron de las manos.

 

—No venimos a pelear —dijeron con cariño, ese cariño que tanto necesito en estos momentos—. Venimos a recordarte algo esencial: lo que eliges hoy crea el mañana. Y solo tú puedes elegir qué versión quieres ser.

 

Las mire un tanto sorprendida.

 

 Una representaba el camino conocido, el de siempre.

 

La otra, el que aún puedo diseñar.

 

Cuando noté que se iban, me apresuré:

 

—¡Esperen! Necesito hablar con ustedes.

Miré a mi yo triste. Sin ofenderte ni hacerte menos; gracias por mostrarme esto — dije abrazándola con delicadeza.

 

Luego miré a mi yo luminosa:

—Sí quiero ser como tú. ¿Cómo lo lograste?

—Eligiéndolo —respondió eufórica al verme salir de mi caparazón.

Mi yo triste, me abrazó con fuerza.

—¡Felicidades! has hecho una gran elección. Recuerda: el poder lo tienes tú. Suelta el pasado y avanza con presencia y consciencia hacia ese futuro próspero que estás creando desde ahora.

El mensaje final

Mi yo luminosa añadió:

 

– Hay una frase que adoro: Es de necias y necios esperar resultados distintos haciendo lo mismo.” Así que… manos a la obra, sal de la rutina, agradece, celebra y disfruta de cada logro. Pide más para no caer de nuevo en el confort. Mantente en movimiento y abre los brazos para recibirlo todo.

-No podré hacerlo sola. No sé por dónde empezar —admití con la voz temblorosa.

—Grábate bien esto: ¡SÍ SABES! —respondió con firmeza— te tienes a ti. Sabes más de lo que crees. Confía en ti. Y cuando necesites apoyo, pregunta: “¿Qué o quién puede contribuirme?”
Y aparecerán las personas, herramientas, clases, y recursos adecuados para ti. Solo mantente atenta para reconocerlos.

—Suena precioso… pero tengo miedo, no sé si podré —–susurré bajando la mirada.

—¡SI PUEDES! —expresó—. Mírame: soy tu yo del futuro… y lo conseguiste.

—O.k.  lo haré… y ¿cuándo empiezo? —pregunté un tanto confusa y a la vez entusiasmada para empezar.

—¡Ahora! —respondió con una sonrisa encantadora, de esas que yo tenía hace años y fui apagando tras escuchar demasiadas veces que sonreír tanto no era real—.

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¡Es Navidad!

 

Tiempo de renacer.

 

De permitir que la magia y la luz broten desde tu corazón.

 

De salir, disfrutar de la energía festiva y reír contigo y con quienes forman parte de tu vida.

 

Recuerda siempre: lo que eliges y haces hoy está creando el futuro que vivirás el próximo año.

 

Me abrazó como quien te recuerda lo grandiosa que eres y que un futuro más feliz está a tan solo una elección de distancia.

 

Recuerda siempre: lo que eliges y haces hoy está creando el futuro que vivirás el próximo año.

 

Me abrazó como quien te recuerda lo grandiosa que eres y que un futuro más feliz está a tan solo una elección de distancia.

El eco que queda

Desde esa noche, cada vez que me sorprendo en drama, repito esa frase mágica: Si fuera esa mujer que realmente soy… ¿qué elegiría ahora?

 

Y, curiosamente, siempre aparece alguien o algo para transformar mi estado de ánimo con más facilidad cada vez.

El regalo perfecto para esta Navidad

El mejor regalo para ti y para las personas que te rodean… ser tú y permitirles ser ellas mismas. ¿Puedes imaginar una Navidad y una vida así? “Si lo puedes imaginar, lo puedes lograr”.

¡Y ojito!… no estoy diciendo que no regales cosas materiales. A mí y a mi cuerpo nos encanta recibir regalos.

 

Esos que te llenan de bienestar, te hacen sonreír y te recuerdan lo increíble que eres.

 

Así que… este año date el gusto de regalar y regalarte algo que inspire y haga sonreír…. Y ¿cómo saber que le gustará realmente a otra persona?

Muy fácil, cuando busques un detalle para alguien especial, pregúntate: ¿Qué le gustaría a esta persona y a su cuerpo recibir? ¿Con qué se sentirá alegre, sensual, motivada, irresistible?

 

Cuando vayas de compras o veas algo en las redes y percibas que “eso es”, vuelve a preguntarte: Si elijo regalarle esto, ¿aportará más diversión a su vida y a su cuerpo?

 

Y si eliges algo que nunca ha usado o hecho, no te juzgues; quizás solo necesitaba un pequeño empujón para atreverse. Confía en tu percepción y verás como tu regalo dejará una huella bonita en su corazón.

Un último favor

Y bueno… este cuento llega a su final…jeje… Espero te haya acompañado a imaginar un futuro más próspero, ligero y divertido para cerrar este año y abrir el 2026 con ilusión.

 

Antes de despedirme, quiero pedirte algo sencillo: si esta historia te inspiró, regálasela a alguien que necesite un pequeño milagro navideño. A veces, un cuento llega justo cuando hace falta.

Y si a ti, al leerlo se despertaron ganas de moverte hacia tu versión más luminosa, recuerda que no tienes que hacerlo sola… … aquí estoy para acompañarte. Tal vez en los accesorios cuánticos, mis sesiones, clases o programas encuentres ese espacio que tu yo del futuro ya está celebrando.

Y ahora sí, cuéntame:

 

Si tu yo del futuro apareciera esta Navidad, ¿cómo imaginas que llegaría? ¿Te entusiasma esa versión… o te gustaría darle un giro más divertido? 💬 Te leo en los comentarios con cariño, curiosidad y una sonrisa.

Gracias por leer mis artículos y

permitirme ser parte de tu camino.

Te envío un abrazo cargadito de sonrisas, alegría y

mis mejores deseos para una Navidad y próximo año 2026 lleno de diversión y sueños cumplidos.

¡Hasta la próxima!

Con cariño

Rosa Mary

4 comentarios en “La visita inesperada de mi yo del futuro”

  1. Marìa Mercedes García Rubio González

    Woww que preciosidad!!! Gracias por compartirlo!! Me encanta como escribes!cuanta creatividad hay en este grupo!!
    Me encantas‼️‼️
    Vamos a por esa SUPER YOES DEL FUTURO‼️demos un pasito cada día hacia ese maravilloso sitio que ya está en cada uno de nosotros‼️

    Gracias, Gracias, Gracias , por todo lo que compartes‼️💖💖💖🙏

  2. Un texto que inspira, reconforta y siembra semillas bonitas. Gracias por recordarnos que el futuro no se espera, se elige; y que no estamos solas en el camino. Este cuento deja una sensación cálida, de esas que se quedan resonando y te acompañan después de leer. Gracias Rosa María por compartirlo con tanta generosidad🫂💫

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